Casas de fado que timan al turista despistado: Guitarras de Lisboa

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Mi experiencia en este restaurante se definiría en: caro, mala comida y sobre todo pésimo servicio.

Vivíamos por entonces en Lisboa pero teníamos visita, así que decidimos ir a un restaurante típico donde cantasen fado y paseando por Alfama decidimos escoger Guitarras de Lisboa al azar. Éramos 9 personas y fuimos a cenar ya bastante tarde, sobre las 22h.

Ya para empezar, tardaron unos 10 minutos en traernos una silla que faltaba y el cubierto de esta misma persona, y después de un rato de haberlo pedido, el camarero de malos modos le pregunta “¿pero usted va a cenar?”. Después, demoraron más de media hora en venir a tomarnos nota y ni nos ofrecieron pedir la bebida al menos. Cuando llamamos al camarero, nos hizo un gesto de “vaya impacientes” y nos pidió más tiempo. Por fin logramos pedir, pues tardaron 1h y 30m de reloj!!!!!!! en traernos la comida! en ningún momento se acercaron a disculparse o dar una explicación, te servían como si te estuvieran perdonando la vida. Hasta que nos planteamos levantarnos e irnos y una persona de nuestro grupo se acercó a pedir explicaciones, porque sino todavía estaríamos allí. Y eso para traer los primeros platos: un caldo verde, y dos ensaladas, cúanta cocina requería estos platos! Después, la comida principal era de bastante mala calidad, normalita tirando a mala.

Más tarde, la cuenta. Carísimooooooooo. El vino que en el supermercado vale 3 euros, allí valía 25 euros. Un plato de lechuga con cebolla 7 euros, y así todo. Después, te cobran como no, el cubierto, y el pan, 2 euros por persona lo hayas comido o no. Para más inri, qué casualidad, se les había estropeado el datáfono y nos mandaron a la calle a sacar dinero…

Después de todo esto, cómo no, decidimos poner una hoja de reclamaciones, momento en el cual se acercaron y nos rodearon 4 personas del restaurante, para intentar disuadirnos y aludiendo que no entendían nuestros motivos, en ningún momento nada parecido a una disculpa. Obviamente, pusimos la hoja. Después, apareció la cocinera para cantar fado, y nos dedicó un “buenas noches” con bastante mal tono y unas miradas que si matasen…

Sobre los cantantes de fado no puedo opinar, ya que no hubo lugar a escucharlo, pero he leído buenas opiniones, al Rey lo que es del Rey.

Sinceramente, nunca me había sentido tan mal a gusto y con una sensación tan desagradable en un restaurante. Aconsejable para los enemigos. Eso sí, ahora recordamos a veces aquella noche y nos reímos, igual que ocurre siempre con los malos recuerdos…

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