Estambul: puerta entre Oriente y Occidente II

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Estambul: puerta entre Oriente y Occidente II

¡¡ NOS VAMOS !!

 

Ciudad:  Estambul o Istanbul

Ubicación:  noroeste de Turquía

Región:  Mármara

Superficie:  1,538,77 km2

Población:  14.160.467 habitantes

Moneda:  lira turca (aproximadamente 1 € = 2,80 TL o turkish lira)

 

DÍA 1

 

Nuestra aventura empieza en la estación de Alsa de Gijón a las 6 de la mañana rumbo a Madrid. 6 horas después estábamos en la T1 del aeropuerto de Barajas, que es la terminal desde donde vuela Pegasus. Por circuIMG_20150202_193931nstancias meteorológicas había diversos vuelos retrasados, entre ellos el nuestro, así que llegamos con dos horas de retraso a Estambul, ya entrada la noche. Nos recibió nuestro transferista cartel en mano con nuestros apellidos, nos sentimos muy importantes 😛 las chicas low cost no acostumbramos a tener estos lujos! Por lo demás una lluvia densa nos acompañó durante todo el trayecto.

Eran ya las 22:30h cuando llegamos a nuestro hotel. Los chicos de recepción no hablaban español, pero sí inglés, de manera que la comunicación fue sencilla. Estábamos agotadas y ya era muy tarde para cenar fuera, de manera que salimos a comprar alguna cosilla a un bazar que había en la esquina.

DÍA 2

 

Al día siguiente, de muy buena mañana, bajamos a desayunar y comprobamos que el buffet era bastante variado, sobre todo en salados, había sopa ¿? que me quedé con ganas de probar, pero es que a esas horas no me entraba… variedad de ensaladas de frutas y de verduras, escasa bollería, no había tostador, zumos muuuuy dulces, y sin más posibilidad que café, leche o té turco ¿dónde estaba mi chocolate, cola-cao, nesquik o similares? 😦

Lo primero que hicimos fue conseguir un bono de transporte, la Istanbulkart, que se puede obtener en numerosos quioscos y estaciones, y que sirve para todos los medios de transporte existentes en la ciudad. Su precio es de 6 liras y se puede ir recargando.

Comenzamos las visitas en la zona nueva de Taksim, al otro lado del Cuerno de Oro. La forma más sencilla de llegar hasta allí es en metro, pues hay una parada justo en la plaza. Desde allí, fuimos bajando por Istiklal Caddesi, la concurridísima y extensa avenida, zona comercial por excelencia durante el día, aunque a esas horas mañaneras era bastante transitable. Me hizo mucha gracia que aún estaban colocadas las luces desde el Año Nuevo (en febrero) y es más, las seguían encendiendo.

Hicimos una paradita para visitar el Çiçek Pasaji, una galería bastante antigua en estilo similar al art decó y que alberga diferentes bares, así como la basílica de San Antonio de Padua (Sent Antuan Kilisesi) la única iglesia católica que vimos (y que aún conservaba también árbol de Navidad y Nacimiento) construída a principios del siglo XIX en estilo neogótico.

Desde allí nos fuimos al meollo turístico y el corazón del barrio antiguo: Sultanahmet. Después de contemplar un rato con la boca abierta y de inmortalizarnos en todas las posturas posibles con la Mezquita Azul y Santa Sofía, dimos un paseo por los jardines, construidos sobre las ruinas del Gran Palacio de Constantinopla, y deambulamos por la plaza del Hipódromo, dónde se encuentra el obelisco de Teodosio, traído desde Egipto.

Encaminamos nuestros pasos entonces al interior de la gran Mezquita Azul (Sultanahmed Camii) la del mayor número de minaretes, aludiendo a su grandeza, y mandada construir por el sultán Ahmed I en el siglo XVII.

La entrada a las mezquitas de Estambul es gratuita y el acceso está sujeto a las horas de oración, indicando en la puerta cuándo van a cerrar para la próxima. Además, para entrar es necesario cubrirse la cabeza las mujeres, es recomendable llevar un pañuelo de casa, aunque sino lo llevas te lo dan en la puerta, los hombres no pueden entrar en pantalón corto, y también es necesario quitarse el calzado, para lo cual tienen unas bolsas de plástico para llevarlo, ya que la salida es por otra puerta distinta. Es un sitio de gran afluencia turística, si vais a visitarlo en verano, os recomiendo mucha paciencia.

El interior es espectacular, especialmente si hace un día de sol, que es cuando se puede apreciar bien el tono azulado de los azulejos de su decoración interior y a la que hace referencia el nombre por el que se conoce, con la impresionante cúpula. No se puede acceder a la zona acotada del Mihrab. Es muy curioso la gran afluencia de folletos que se encuentran en el interior de las mezquitas tipo: What is Islam? que trata de aclarar conceptos y romper tópicos a los occidentales.

Tras verla, continuamos hacia el otro edificio más conocido de la ciudad: la basílica de Santa Sofía (Hagia Sophia), encargado por el emperador Justiniano en el 537. Posteriormente, fue convertida en mezquita en el siglo XV y declarada museo por el gran Atatürk, el instaurador de la democracia actual, que es lo que sigue siendo ahora. Importante tener en cuenta que cierra los lunes, la entrada cuesta 30 liras, y es posible también alquilar una audioguía en español. Es también un lugar donde se forman muchas colas, para evitarlas hay que intentar ir a una hora de menos afluencia de público, como puede ser el mediodía, o sacarla con antelación desde la web oficial. Para entrar sólo tienes que seguir las señales de “Giriş” (entrada) xddd

Es un lugar espectacular, diferente a todo lo que había visto con anterioridad, y enorme, lleva al menos 1h y 30 visitarla. Recomiendo ver toda la planta baja primero, la nave con su ábside, el palco del sultán y la inmensa cúpula, siendo los enormes medallones dorados con inscripciones en árabe lo más representativo.

Después, para acceder al piso superior hay que ir hacia la izquierda (lado norte) y subir por una rampa que se conserva de la época. Además de la vista de toda la nave desde arriba y de poder ver el lugar donde se ubicaba la esposa del sultán (las mujeres se colocan para rezar aún hoy en día o en el piso superior o en la parte trasera de las mezquitas) lo más impresionante de la galería superior son los mosaicos, merece la pena detenerse en ellos y conocer la historia que hay detrás de cada uno.

Al finalizar la visita ya era la hora de almorzar y nos acercamos a la zona de restaurantes, muy numerosos. Hay que tener paciencia, pues en cuanto os acerquéis, los relaciones públicas os asaltarán y recitarán sus cartas para convenceros de que entréis. Comimos en el Restaurante Omar, el sitio era muy agradable y comimos un menú que nos gustó mucho, probando diferentes comidas típicas: crema de lentejas, rollitos rellenos de queso, kebab sin pan acompañado de guarnición y uno de los postres más típicos, aunque en exceso dulces para mi gusto: baklava.

Por la tarde fuimos a visitar el Gran Bazar. Desde Sultanahmet se puede llegar perfectamente andando con un pequeño paseo, eso sí, allí dentro preparaos para una buena pateada. Os recomiendo que antes de entrar memoricéis la puerta por la que habéis accedido, ya que hay muchísimas y dentro es fácil perderse, pues es inmenso y las calles son todas similares. Está subdividido en zonas: alfombras, antigüedades, joyería, etc. Además, deberéis mentalizaros del acoso y derribo que vais a “sufrir” por parte de los vendedores, puesto por el que pasas puesto en el que te hablarán e incitarán a comprar, especialmente si te paras a mirar, teniendo además un radar para detectar vuestra procedencia, con perlas como:

– Señorita, se le ha caído algo… (miras) Es que estamos tirando los precios
– Españolas? italianas?
– Quieres una camiseta? (a la 1ª pasada) Ahora sí quieres la camiseta, eh? (a la 2ª)
– Ciao! Hola! Di dove sei? De dónde eres? (y dale)
– Aquí más barato que en Mercadona
– Ey chica, guapa, María, mírame, sólo estoy trabajando, contéstame!
– Por qué no saludas? Debes ser del norte!
– Hola Shakira!
– Oye, María del Carmen!

Confieso que me he enamorado de las lámparas y las cerámicas, algún día tendré que volver con una gran maleta vacía para hacerme con alguna.

Sobre el regateo es “obligatorio”, a mí me cuesta mucho, pero es lo que toca y es lo que esperan que hagas. Además, para los que tengáis reparos como yo tenía, ellos juegan mucho con los precios e intentan colártela, pues por unos mismas bailarinas pregunté un día y me pedían 70 liras, mientras que al día siguiente 80, y me las acabé llevando por 60.

Tras hacer unas pequeñas compras de souvenirs echamos una ojeada al Old Book Bazaar, que se encuentra justo al lado y merece la pena una visita si eres aficionado a la lectura.

A continuación, como ya declinaba el día, era hora de parar el ritmo y probar el té turco. También cerquita del Gran Bazar se encuentra Corlulu Ali Pasa Medresesi, una tetería muy típica tanto para turistas como para oriundos. En cuanto entres te atrapará el colorido de sus lámparas y una nube de humo proveniente de los narguile, es decir, las cachimbas, shisha, o pipas de agua. Es un lugar enorme, donde charlar, relajarse y fumar. Para los principiantes, recomiendo algo suave como la manzana o la menta. En cuanto a los tés tienen una gran variedad, aunque el más delicioso y típico es el de manzana; aunque no seas un aficionado al té hay que probarlo, pues poco tienen que ver con los tés que se pueden encontrar en España. Mencionar que para ir al baño es necesario salir del local y en una especie de patio hay unas casetas dónde están ubicados, te piden 1 TL por utilizarlo y no es un W.C sino un agujero en el suelo, eso sí, con cisterna y todo, así que a no ser que estés apurado, pues el té puede pasar factura, no merece la pena usarlo.

Como estábamos cansadas, elegimos para la cena un restaurante cercano al hotel, concretamente Tashan RestaurantEs un poco difícil de encontrar porque no está a pie de calle sino en el interior de una estructura muy antigua que fue una gran cisterna, con un gran patio, a dónde nos acompañó el relaciones públicas del exterior. Al hacer frío no pudimos disfrutar de los exteriores, pero para las noches de verano tiene un gran encanto. Pudimos disfrutar de una buena comida y un precio económico. En concreto pedimos pide, que es un tipo de pizza a la turca, y kofte, elaboraciones de carne picada similares a las albóndigas. También decidimos probar el raki, la bebida alcohólica tradicional turca, que suelen tomar con las cenas solo, o rebajado con hielo o con agua. Se trata de un digestivo similar al anís, bastante fuerte; personalmente no fue de mi agrado.

 

DÍA 3

 

Al día siguiente decidimos “vagabundear” un poquito por nuestro barrio, que es zona principalmente comercial y visitar la mezquita de Suleimán. Equivocamos nuestros pasos y terminamos llegando por error a la mezquita Sehzade (Şehzade Camii). Cuando nos dimos cuenta, decidimos visitarla igualmente para comparar las grandes mezquitas con una más modesta y sin turistas, de hecho pensamos que estaba cerrada, pues la puerta de acceso estaba cubierta por una especie de lona oscura. Dejamos el calzado a la entrada y pasamos a verla; como era muy temprano apenas había gente y estaban pasando el aspirador a la moqueta, me pareció que tenía mucho encanto. Pudimos averiguar que data de mitad del s. XVI y fue encargada por Solimán el Magnífico en honor de su hijo, el príncipe Mehmet, por lo cual también se la conoce como mezquita de los príncipes.

El entorno donde se encuentra también es precioso, rodeada por jardines, donde también se halla el mausoleo del príncipe, y en las inmediaciones del Acueducto de Istambul.

Tras esta improvisada visita reconducimos nuestros pasos y llegamos finalmente andando hasta la mezquita de Solimán el Magnífico (Süleymaniye Camii), la mayor de las mezquitas imperiales, finalizada en 1557, un lugar impresionante y de visita obligada en la ciudad.

En primer lugar, el lugar donde se ubica, en un alto, te permite disfrutar de Estambul a tus pies, con vistas al Cuerno de Oro y el Bósforo, y si encima tienes la suerte de un día de sol radiente y cielo azul como nos ocurrió, la sensación es indescriptible.

Además de las vistas, la construcción en sí es espectacular, la decoración interior, el patio exterior, la cúpula, la fachada… y alrededor es posible ver también el cementerio y los mausoleos de Suleimán, su esposa y otras figuras reales emparentadas.

Dejamos a un lado las mezquitas y atravesamos el complejo de la Universidad de Estambul para acercarnos nuevamente a Sultanahmet, no sin antes hacer un alto para probar el simit, un pan redondo con semillas de sésamo que venden en carritos y que verás sin cesar en la ciudad. Estaba realmente rico, aunque lo ideal sería tomarlo acompañado de algo más.

Nos llevó un rato encontrar el acceso a la Cisterna Basílica (Yerebatan Sarnıcı) aunque por el lado correcto es sencillo, pues basta fijarse en la cola, pequeña en febrero, supongo que inmensa en verano. Otra visita obligada y un lugar que te dejará alucinado, pues es una joya arquitectónica única.

Está abierto todo el día sin cerrar al mediodía y todos los días de la semana, y la entrada cuesta 20 liras turcas, sin duda merece la pena la inversión. Además disponen de audioguías en español en el interior, creo recordar que por 5 TL más. Dentro hay muchas goteras, así que recomiendo que os llevéis algo para cubrir la cabeza.

Tras una larga escalera que parece conducir al centro de la tierra 😛 estarás dentro de la cisterna, y realmente la iluminación escasa y rojiza parece evocar el infierno. Se trata de una construcción idéntica a una basílica, pero fue construída en el año 532, durante el reinado del emperador bizantino Justiniano I con la finalidad de ser un depósito de agua, de ahí la variedad de columnas, llevadas de diferentes lugares. El recorrido está marcado y te llevará a ver todo el edificio en unas pasarelas sobre el agua.

Destacan especialmente la columna tallada, siendo tradición meter en dedo y girar todo el cuerpo sin sacarlo para obtener suerte (yo no lo hice porque me dio asquete 😛 ) y por supuesto las columnas con las basas monumentales con las cabezas de la Gorgona Medusa, el ser mitológico que convertía en piedra a todo aquél que la mirase. Dada la calidad de las tallas llama la atención que se dispusieran allí para no ser vistas, sino estar sumergidas bajo el agua, además de que no están de pie sino que una se encuentra ladeada y la otra volteada. Al parecer, hay diferentes teorías sobre todo ello.

Una vez vista la Cisterna decidimos que ya era hora de comer y como no queríamos perder demasiado tiempo, nos detuvimos en una terracita para comer un kebab. El mayor descubrimiento del lugar fue que poco o nada tienen que ver los auténticos kebab con la idea que aquí tenemos de ellos. Para empezar el pan en el que lo sirven es completamente diferente, una especie de torta crujiente, y no tiene las salsas tan pesadas para el estómago que le ponen aquí, sino que es una comida sana, bastante ligera y muy sabrosa. El otro hallazgo fue que la Coca-cola es Koka-kola en Turquía 😉

Tras la comida fuimos a tomar un té turco -esta vez el típico que es bastante fuerte y es necesario echarle el doble de azúcar, y eso que no soy amante del dulce- a un café con vistas a Santa Sofía. No era un sitio barato, pero desde luego la terracita y los jardines merecían la pena.

Dimos la zona de Sultanahmet por vista y nos cogimos el tranvía, que tiene parada allí al lado, para cruzar el Cuerno de Oro hacia la zona moderna. Nos detuvimos en la parada que hay nada más cruzar el puente Gálata: Karaköy y nos perdimos por la zona para hacer unas cuantas fotos panorámicas, observar a los pescadores que pueblan el puente día y noche, mirar algunas tiendas y comprar recuerdos y finalmente subir a ver la Torre Gálata (Galata Kulesi). Su origen se remonta al siglo VI como faro realizado en madera y posteriormente al siglo XIV reconstruída por parte de la colonia genovesa de Constantinopla y siendo la construcción más alta de la ciudad, aunque dicha torre fue destruída y la actual ha sufrido numerosas restauraciones y usos.

Creo que cuesta unas 10 TL subir y suele haber siempre bastante cola. Nosotras decidimos verla sólo por fuera y, en vez de pagar por subir a la torre para tener unas bonitas vistas, entramos en el Galata Konak Café, situado muy muy cerca (hay que callejear un poco, pues se encuentra en una callejuela y pasa desapercibido desde fuera) que ya se ha hecho bastante famoso, por lo que lo encontraréis bastante lleno. Cuando accedáis no os quedéis en la parte de abajo que es acristalada, aunque también hay unas bonitas vistas, sino que debéis subir a la azotea. No es un sitio barato, pero disfrutar de las vistas cómodamente sentado tomándose un café bien lo merece.

Rematamos el día regresando al Puente Gálata para recorrerlo por la parte de abajo, tomar unas cuantas panorámicas nocturnas y cenar un típico bocata de pescado, creo que es caballa, muy sabroso y económico.

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DÍA 4

 

En nuestro último día y ya sintiendo pena por la próxima marcha, lo primero que hicimos de buena mañana fue desplazarnos al puerto para coger un ferry y hacer el típico crucero por el Bósforo. La mayoría se cogen en la zona de Eminönü y hay un montón de rutas diferentes. La nuestra tuvo una duración de 1h y 30 aproximadamente, llegaba hasta el segundo puente que atraviesa entre Europa y Asia, aunque sin salir de Estambul. Si podéis ubicaros en los laterales del barco para ir sentados junto al mar, es una experiencia única, disfrutando de todas las construcciones y palacetes que hay en las orillas. El barco es seguro y está bien equipado con cafetería y servicios. Una de las cosas que más gracia me hizo fue que en cuanto comenzamos la travesía una nube de gaviotas vino detrás nuestro, y es porqué están acostumbradas a que la gente les lance pan desde el barco, pero lo curioso es que un señor de la tripulación fue pasando entre los pasajeros vendiendo pan sólo para eso, para echárselo a las aves 😛

La siguiente visita fue al Bazar de las especias, también llamado Bazar egipcio (Mısır Çarşısı), ubicado muy cerca del embarcadero de los ferrys. Es otra visita obligada, el bazar más típico de la ciudad, pues en sus puestos se mezclan los turistas con los lugareños. Es una pasada, un universo multicolor, más pequeño que el Gran Bazar, también menos caótico, de modo que puede recorrerse entero. Para comunicaros en el bazar no hay ningún problema, pues la mayoría chapurrean español y, por supuesto, inglés.

Hay toda clase de dulces, especias, chucherías y postres para comprar. Recomiendo que probéis las Turkish Delights (Rahat lokum) unos dulces elaborados con frutos secos y gelatinas de diferentes frutas, que fueron el origen de nuestras actuales gominolas. Se pueden comprar en paquetes preparados o al peso y tomarse en dados, pero si las traéis en barras sin cortar se conservan hasta 6 meses, y suelen tomarse acompañadas de té o café turco.

Comimos en un sitio bastante cercano al Bazar, con vistas al Cuerno de Oro; nos pusieron como entrante ensalada de tomate, el pan típico para untar con queso o mantequilla, y después crema de lentejas, bastante diferente a la del primer día. Como plato principal degustamos una brocheta de pollo y cordero con guarnición de arroz y menestra, y de postre macedonia.

Destinamos la tarde a visitar el último sitio de nuestro listado de paradas obligatorias: el inmenso y espectacular complejo del Palacio de Topkapi (Topkapı Sarayı) residencia imperial de los sultanes, comenzado y terminado a lo largo del siglo XV, tras la conquista de Estambul por Mehmed el Conquistador, y que estuvo en uso hasta su abandono en el XIX cuando los últimos sultanes del Imperio Otomano se transladan al palacio Dolmabahçe. Después de que en Turquía fuera establecida la República pasó a utilizarse como museo.

Nos pilló el toro para visitarlo y tuvimos que hacerlo muy deprisa, os recomiendo ir con tiempo suficiente porque cierra temprano, a partir de las 16:45h de la tarde en invierno y 2h después en temporada alta, porque es inmenso y merece la pena recorrerlo con tranquilidad, y además está siempre llenísimo de gente y en los interiores no se puede ir al ritmo que a uno le gustaría, sino el que le marcan el resto de visitantes. Por ello, también recomiendo llevar el ticket ya comprado, tal y como comenté para Santa Sofía. Sólo en recorrer el entramado de patios sucesivos ya se tarda un buen rato.

Hay tres tipos de entradas: sólo para el Palacio que son 30 TL, comprar también el acceso al Harem (la zona dónde residía el sultán y su familia, junto a todas sus concubinas) que son 15 TL más, y a parte para visitar la Iglesia ortodoxa de Santa Irene, que se encuentra en el primer patio del palacio, que son otras 20 TL.

Nosotras sólo hemos visitado el Palacio, por lo que no puedo opinar de la zona de Harem, hay quién dice que no es relevante y hay quién dice que es lo mejor; en concreto nuestro guía turco nos dijo que no merecía la pena, puesto que apenas se veía nada, y que no era el mejor Harem de los palacios de Estambul.

Lo más destacado además de la arquitectura en sí, los jardines y las vistas gracias a su privilegiado enclave entre el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, son las estancias que recogen el Tesoro Imperial, que recogen objetos lujosísimos como coronas y joyas realizadas con piedras preciosas, tronos de oro, porcelanas valiosísimas, espadas y dagas con todo tipo de pedrerías entre los que destaca el famoso puñal (sí, el que intentan robar en la película Topkapi), una cuna de oro, e incluso el tercer diamante más grandes del mundo llamado del cucharero por una bonita leyenda que os invito a descubrir.

El resto de la tarde la dedicamos a pasear y rematar algunas compras pendientes, hasta que cayó la noche y decidimos subir hasta la zona de Taksim para tomar algo y cenar. Esta vez desde la zona de Gálata tomamos el elevador de Tünel, que es como un metro pero que asciende una colina de gran pendiente. Señalar que se trata de la línea de transporte más antigua de Estambul, inaugurada a finales del siglo XIX. No hay paradas intermedias y el viaje dura unos 3 minutos.

Para subir a lo largo de la Avenida de İstiklal hay además un tranvía con apariencia antigua, muy simpático, al estilo de los lisboetas.

No queríamos irnos de Estambul sin disfrutar nuevamente de unas buenas vistas y un buen té, y elegimos un bar-restaurante de nombre sugerente: el 360. Está ubicado en la 7ª y 8ª planta del edificio y se puede acceder en ascensor. Arriba, un guardia de seguridad uniformado con un arco de detector de metales y una decoración glamourosa, indican que no se trata precisamente de un lugar low-cost 😛 Tiene un espacioso restaurante, su propia tienda de merchandising, y la joya de la corona: la terraza, con unas vistas espectaculares de la ciudad y el Cuerno de Oro. También realizan actuaciones durante la noche.

Elegimos para cenar un restaurante próximo mucho más económico, Rhino Burger, dónde nos comimos un delicioso wrap. Como queríamos ver algún tipo de espectáculo o música en vivo, pero los que habíamos mirado no nos convencían porque eran muy enfocados al turismo, nos decantamos finalmente por un bar de música kurda en directo, situado muy cerca en una pequeña callejuela llamado Toprak. Allí decidimos gastarnos las 15 TL que nos quedaban en una cerveza a la salud de esa maravillosa ciudad llamada Istanbul. Como anécdota, una incursión al cuarto de baño, me hizo vivir un momento surrealista, pues a la entrada había una anciana que, deduje, pedía la voluntad. No llevaba dinero, no suelo llevarlo al baño 😛 y le hice ver por gestos que iba a bajar a por una moneda y a volver a subir. No sé si me entendió, pero cuando volví y le di la moneda me mostró un bote que no llegué a saber qué era (desinfectante para las manos?) negué con la cabeza y bajé rápidamente.

A las 00 h, como la hora bruja en el cuento de la Cenicienta, cierra el metro y demás medios de transporte, así que debéis tenerlo en cuanto a la hora de organizar vuestras noches, siendo preferible trasnochar en una zona cercana a vuestro alojamiento. Nuestra noche acabó a carreras por el metro, pues teníamos que transbordar entre dos líneas y las indicaciones no eran muy claras.

 

DÍA 5

 

Ya el último día nuestro avión salía de buena mañana y teníamos que recorrer la distancia hasta el aeropuerto de la parte asiática nuevamente, así que nos pegamos un buen madrugón y abrimos literalmente la cafetería del hotel. Puntualmente nos recogió nuestro transfer y no tuvimos ningún problema en los controles aeroportuarios. El problema llegó entre Madrid y Asturias, pues habían caído enormes cantidades de nieve los días anteriores y el puerto estaba cerrado… Tanta como cayó en Estambul unos días después, al parecer la mayor nevada en la ciudad en los últimos 28 años… pero esa es ya otra historia…

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